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Librería Emaús está dedicada a la promoción de la cultura y los valores cristianos hacia el seno de la familia latina, hacemos ésto distribuyendo: La Biblia; además de libros, música, videos y regalos con mensajes bíblicos.     



   Servir a Cristo al servir al pueblo cristiano sin distingo denominacional proporcionando las herramientas necesarias para:

• La edificación de su reino en la tierra.
• La perfección de los santos y
• La expansión del evangelio.


Trabajamos al servicio de nuestro Señor Jesucristo.

«No sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres» [Efesios 6:6,7].

Trabajamos para gloria de Dios.

«Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que esta en los cielos» [Mateo 5:16].

      Trabajamos de la forma que a Dios agrada.

«Y que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajad con vuestras manos de la manera que os hemos mandado, a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada» [1 Tesalonicenses 4:11-12].


Plaza Fiesta San Agustín.
[A un costado de Sanborns] 
Av. Real San Agustín No. 222 Local A1. Residencial San Agustín.
San Pedro Garza García, N.L. México.
C.P. 66260
Tel. [81] 8363•7757
servicio@libreriaemaus.com.mx


      Con el fin de esparcir la palabra y mostrar  a otros el  amor de Dios, el 6 de Noviembre del año 2001 nace «Emaús, Librería Bíblica» ubicada en Plaza Fiesta San Agustín, cubriendo la necesidad de establecer un lugar donde se proporcionara material bíblico en la zona sur de la ciudad de Monterrey.



Existen 2 razones principales por la cual se  estableció este nombre.

Emaús, además de ser un nombre bíblico, es un nombre identificable por lo sencillo en su fonética y su estructura, esto hace que nuestros visitantes lo identifiquen fácilmente.

La segunda razón [y la más importante] se deriva del mensaje del pasaje bíblico titulado: «En el camino a Emaús»

«Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. E iban hablando entre si de todas aquellas cosas que habían acontecido.

Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos.

Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen… Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.

   Llegaron a la aldea a donde iban, y él hizo como que iba más lejos.Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya a declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos.

Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció  de su vista.» S. Lucas 24: 13-16, 27-31.
La enseñanza que nos deja este pasaje es el icono de nuestra librería. A los dos discípulos les fueron abiertos los ojos justo después de que fueron expuestos a las enseñanzas de las Escrituras, entonces reconocieron a Jesús. Nosotros, sentimos la necesidad de mostrar las Escrituras para «abrir los ojos» a todas aquellas personas que lo deseen y, que al igual que aquellos discípulos, puedan reconocer a Jesús en su camino  


Desde sus orígenes, la humanidad ha tenido que hacer frente a 2 cuestiones fundamentales:

1.- La forma de transmitir los contenidos en el espacio y en el tiempo.

2.- La forma de preservarlos.

El origen  de la historia del libro surge  de la necesidad de cubrir estos 2 aspectos y se remonta a las primeras manifestaciones pictóricas de nuestros antepasados, es decir, la pintura rupestre.

Cuando los sistemas de escritura fueron inventados en las antiguas civilizaciones, el hombre utilizó todos los soportes  de escritura de los que se hizo servir, tales como: tablillas con cera, plomo, pieles, hueso, madera, papiros o tablas de masilla. Se sabe que los chinos crearon el primer libro impreso en el año 868 dc.
 
Los libros en forma de rollo de papiro o pergamino fueron remplazados por el codex,  un libro conformado de páginas y una espina, similar a los libros utilizados hoy en día. Antes de que existiera la impresión de libros, cada uno era copiado manualmente, lo que hacía a los libros caros y de gran valor personal.

   Durante la edad media, cuando solo las iglesias, universidades y hombres pertenecientes a la nobleza podían adquirir libros, estos eran a menudo puestos bajo llave para evitar su hurto.

Adentrada la edad media los libros comenzaron a ser producidos por impresión de bloques. Esta técnica consiste en  tallar sobre una tabla de madera la imagen de cada página del libro, misma que era entintada y utilizada para crear numerosas copias de aquella página. Sin embargo, crear un libro entero a través de este método resultaba una tarea monumental, ya que requería una tabla tallada por cada página.  

No fue hasta que Johannes Gutenberg, creó la prensa de impresión con tipos móviles en el siglo XV. Este invento revolucionó la industria del libro siendo, por curiosidad, la Biblia el primer libro impreso de esta manera.


«Antes de que todo comenzara ya existía aquel que es la Palabra. La Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.» S. Juan 1:1 (Versión Lenguaje Actual)

Al crear el universo, la tierra y sus criaturas, Dios deseó comunicarse y  fue entonces que el Todopoderoso se reveló al género humano a través de la inspiración por el Espíritu Santo.

A través de Las Escrituras, nos damos cuenta que la Palabra fue escrita por inspiración Divina a lo largo de los años, quedando grabada para la posteridad. De esta manera, la Palabra Eterna se convirtió en Palabra escrita.

En un principio, los manuscritos Divinos se plasmaron en piedra [como los 10 Mandamientos que Dios le dio a Moisés], utilizándose posteriormente materiales como tablillas de arcilla, pieles, papiros, pergaminos, y diversos materiales guardándose celosamente.

Pocos siglos antes del cristianismo, el mundo se empezaba a «globalizar» y se necesitaron traducciones de los escritos Sagrados al idioma universalmente hablado, que en ese tiempo era el griego. De allí nació la primera traducción de la Biblia llamada La Septuaginta, esta fue traducida del hebreo a la lengua griega.

Al paso de los años, diversas traducciones ayudaron a que más personas conocieran las Sagradas Escrituras llegando hasta nuestros tiempos. Actualmente, existe una gran cantidad de traducciones que ayudan al mejor entendimiento y comprensión de la Palabra. Pero el verdadero deseo de Dios no es que solo tengamos su Palabra en un papel, sino que la guardemos en nuestro corazón y que la practiquemos día a día.

«He guardado tus palabras en mi corazón para no pecar contra ti» Salmo 119: 11 (Versión Dios Habla hoy).


Hace algún tiempo existió un hombre llamado Pedro Valdo ( 1140-1217) quien, con el deseo en su corazón de obtener la salvación, buscó consejería espiritual con un sacerdote. Viendo éste la prosperidad económica de Valdo le dijo las palabras mencionadas por Jesús:

 «Si quieres ser perfecto, ve y vende todo lo que tienes y dalo a los pobres y ven, sígueme.»

Pedro Valdo lo tomó al pie de la letra y así lo hizo. Cuando terminó de repartir casi todo su dinero, dejó una parte para que con la ayuda de 2 sacerdotes le tradujeran diversos libros de las Sagradas Escrituras comenzando por los Evangelios y los Salmos, haciendo varias copias, a mano.

Este varón iba de casa en casa diariamente leyéndoles las Sagradas Escrituras a las personas humildes de los pueblos. Muchos siguieron su ejemplo, y comenzaron a ir a otros pueblos a predicar. Pronto eran miles y les llamaron « Los pobres de Lyon.»   

Al pasar el tiempo, surgió la persecución por parte de la iglesia romana a este grupo que después se les llamaría «los Valdenses». Entonces, para seguir impartiendo la Palabra, este grupo de varones, que tenían la apariencia de mercaderes, llegaban  en parejas a las casas de las personas ricas y ofreciendo mercancía como pulseras, collares o prendedores de oro. Después de mostrar las joyas, si las personas preguntaban que otras alhajas tenían, ellos contestaban:

-          Tenemos joyas más preciosas que las que usted haya visto; se las mostraré si se compromete no denunciarnos al Clero ( a causa de la persecución).

Una vez obteniendo de las personas la promesa formal de que no las denunciarían y guardarían el secreto, entonces, los vendedores decían:

-          Tenemos una piedra preciosa, más brillante. Por su luz el hombre puede ver al Creador del universo, y es tan radiante que puede encender el amor de Dios en el corazón del poseedor de ella.

El comprador, al oír estas palabras se cautivaba con gran expectación deseando ver aquellas preciosidades. Y cuando terminaban de hablar, los comerciantes sacaban debajo de todas las joyas, algunos pergaminos donde se encontraba escrita la Palabra de Dios.

Podemos atribuir a este hecho, la primicia de evangelizar a traves de la distribución de la literatura bíblica en los tiempos modernos.

Visitanos.


 
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